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viernes, 19 de diciembre de 2014

Historia del Pesebre


Tomado de: http://linkis.com/www.fullstory.co/R3SwG










El pesebre lo inventó San Francisco de Asís, el santo de la humildad y de la pobreza, en la Navidad de 1223, hace muchos años ya, en el pueblecito de Greccio, en Italia.

Francisco estaba débil y enfermo y pensando que tal vez aquella sería su última Navidad en la tierra, quiso celebrarla de una manera distinta y muy especial.

Un amigo de Francisco, el señor Juan Velita, era dueño de un pequeño bosque en lasmontañas de Greccio, y en el bosque había una gruta que a Francisco se le parecía mucho a la cuevita donde nació Jesús, en los campos de Belén y que él había conocido hacía poco en su viaje a Tierra Santa.

Francisco habló con su amigo, le contó su idea de hacer allí un “pesebre vivo” y juntos lo prepararon todo en secreto para que fuera una sorpresa para los habitantes del pueblo, niños y grandes.

Entre la gente del pueblo, Francisco y Juan escogieron algunas personas para que representaran a María, a José, y a los pastores; les hicieron prometer que no dirían nada a nadie antes de la Navidad, y, siguiendo el relato del Evangelio de San Lucas, prepararon la escena del nacimiento. ¡Hasta consiguieron un hermoso bebé para que representara a Jesús!

La noche de Navidad, cuando todas las familias estaban reunidas en sus casas, las campanas de la iglesia empezaron a tocar solas. ¡Tocaban y tocaban como si hubiera una celebración especial! Pero nadie sabía qué estaba pasando. El Párroco del pueblo no había dicho que fuera a celebrar la Misa del Gallo, la Misa de Medianoche.

Sorprendidos y asustados a la vez, todos los habitantes de Greccio salieron de sus casas para ver qué estaba sucediendo. Entonces vieron a Francisco que desde la montaña los llamaba y les indicaba que subieran donde él estaba.

Alumbrándose con antorchas, porque la noche estaba muy oscura y hacía mucho frío, todos se dirigieron al lugar indicado y cuando llegaron quedaron tan admirados que cayeron de rodillas porque estaban viendo algo que nunca habían pensado poder ver.

Era como si el tiempo hubiera retrocedido muchos, muchos años y se encontraran en Belén, celebrando la primera Navidad de la historia: María tenía a Jesús en sus brazos, y José, muy entusiasmado, conversaba con un grupo de pastores que no se cansaban de admirar al niño que había acabado de nacer.

Después, cuando todos se calmaron, el Sacerdote, que había sido cómplice de Francisco y de Juan Velita en aquel secreto, celebró la Santa Misa y Jesús se hizo presente en el Pan y el Vino consagrados, como pasa siempre que se celebra una Misa en cualquier lugar del mundo.

Terminada la Eucaristía, Francisco, lleno de amor y de alegría, les contó a todos los presentes, con lujo de detalles, la hermosa historia de la Navidad y Jesús, “luz del mundo”, llenó sus corazones de paz y de amor.

Tres años más tarde Francisco de Asís murió, dejándonos esta hermosa costumbre de hacer el pesebre todos los años, que a todos nos gusta tanto.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Abolición del Ejército

Por: Milos Alcalay - @milosalcalay  
Costa Rica conmemoró este mes, 66 años de la fecha en que el recordado Presidente Pepe Figueres proclamó –con el apoyo de toda la ciudadanía- la abolición del Ejército marcando de esa manera su rechazo a los atropellos que las Fuerzas Armadas de su país habían protagonizado en el pasado, demostrando su apego a la fuerza de la razón en rechazo a la prepotencia del poder armado. Desde entonces, todos los años, en vez de realizar los desfiles que en otras  latitudes presentan a cientos de soldados marchando con gritos de guerra para demostrar la fuerza de las armas, tanques, aviones y todo tipo de costosos materiales bélicos, en San José ya se han acostumbrado los padres, abuelos y ciudadanos en general a aplaudir a los niños que desfilan orgullosos con sus uniformes escolares abanicando la bandera patria y mostrando su anhelo de convertirse en hombres y mujeres dispuestos a perfeccionar cada vez más un Estado de Derecho y de Justicia.
El resultado de la valiente decisión adoptada por los demócratas Ticos ha sido ejemplar, y a pesar de haber vivido en el pasado la turbulencia de movimientos militares y paramilitares de sus vecinos, que iban en un abanico desde el intervencionismo de la dictadura militar de Somoza hasta las acciones guerrilleras de  Sandinistas y miembros del FMLN hace algunas décadas, pasando por los “ejércitos” del narco terrorismo, de los contra y del crimen organizado; el país centro americano logró por la vía pacífica demostrar que es válida la opción de construir una sociedad volcada al desarrollo, a la educación y a la justicia, apuntalando una Nación admirada en el mundo por su apego a la democracia, a  las libertades y al cumplimiento de los compromisos del Estado de Derecho y de los Acuerdos Internacionales.
Este reconocimiento internacional quedó recogido de manera categórica en las recientes declaraciones dadas por el Secretario General de la ONU Ban Ki-moon, quien durante su visita en el mes de julio afirmó: “Por décadas, Costa Rica ha sido ejemplo mundial en rechazar innecesarios gastos militares. En su lugar, el país valientemente invirtió en salud y educación. El resultado ha sido una menor desigualdad y una mayor paz social”. Con admiración escuchamos también las palabras del recientemente electo Presidente Luis Guillermo Solís al manifestar ante la Asamblea General de la ONU : “Costa Rica cree firmemente y practica todas las dimensiones del derecho internacional. Esta es la única vía que conocemos. Nuestra única arma, ha sido y será el derecho internacional”
Sabemos que lamentablemente el modelo de Costa Rica no es viable en nuestra querida Venezuela. Pero debido a la profunda crisis que atravesamos (en buena medida ocasionada por el propio Gobierno) debe exigirse que se cumpla el anuncio del Presidente en relación a las medidas de recortes de gastos superfluos y políticas de austeridad, que deberían comenzar eliminando los gastos escandalosos destinados a las compras de equipos militares. Por otra parte, el abultado número de Generales y Almirantes  que ocupan cargos que deberían estar en manos de profesionales civiles,  los aleja de sus responsabilidades castrenses, generando una “nueva clase” de altos funcionarios militares dirigiendo Embajadas; Bancos del Estado; Gobernaciones; curules parlamentarias, o  grupos que han optado por el enriquecimiento por vía “legal” o ilegal, como lo demuestran múltiples denuncias, deben ser abolidas. Ello nos lleva a una conclusión fundamental: Se debe “civilizar” a los militares, y no “militarizar” a los civiles.

martes, 16 de diciembre de 2014

Elogio de lo incomprendido

Hospital Vargas 
(Hace muchisimos años)










Por: Rafael Muci Mendoza 

Aquel que protege nuestra práctica desde el Más Allá...

El viejo Hospital Vargas de Caracas, el Maestro Gabriel Trómpiz Graterol y una clase a la cabecera del enfermo

¨No quiero demostrar nada; sólo quiero mostrar¨ - Federico Fellini (1920-1993)

Era el doctor Gabriel Trómpiz Graterol (1907-1985), Profesor Titular y Jefe de la Cátedra de Clínica y Terapéutica Médica B de la Escuela José María Vargas de la UCV cuando yo ingresé a ella en 1966 como Instructor por Concurso. Había sido Director de la Sección de Terapéutica Experimental y Profesor de Patología Interna de la Universidad de Caracas, y además, escritor, un auténtico y genuino bolivariano, autor de libros, filósofo de la medicina... Recuerdo que en quinto año le oí una clase memorable sobre las experiencias del médico catalán Josep Trueta, descubridor de la doble circulación renal quien publicó sus hallazgos en inglés en 1947 y dos años más tarde en español ("Estudios sobre la circulación renal"). Comentaba que en los Estados Unidos se hablaba del ¨Trueta Shunt¨ para definir como en casos de shock clínico o experimental se produce una desviación de la circulación desde la corteza renal hacia la médula, camino por el cual el tránsito es más rápido, con lo que se reduce la perfusión cortical llegando hasta a detenerse y desaparecer. Así, la sangre no tiene oportunidad de ceder el oxígeno a los ovillos glomerulares. Prueba de ello, es la existencia de una misma concentración de oxígeno en la sangre tanto en la vena renal como en la arteria. A resultas, ocurre pues una necrosis aguda o destrucción total de la corteza renal.

Siempre llamó mucho nuestra atención que el Maestro Trómpiz, a la usanza europea,  nunca se quitaba el paltó y usaba la bata blanca por encima dando la impresión de que ya se iba. Era sujeto de lustre universal y un médico enterado y compasivo. Gustaba de la observación y de la elucubración intelectual, de la investigación clínica simple con acures y conejos que pudiera realizarse en el confinado ámbito del Servicio, y se definía "como un profesional que andaba más entre ideas y sufrimientos de los enfermos que entre hermosas páginas de literatura o retórica".

Siervo de Dios, venerable doctor José Gregorio Hernández y Guaicaipuro, indómito guerrero cacique del pueblo de los Teques. 

No era persona de exageraciones o liviandades, antes bien, era sobrio, serio y comedido. Así, que cuando cierto día me dijo que si yo estaba dispuesto, me haría una confidencia, me presté honrado a oírla con especial atención.


Muy conturbado y emocionado me contó una anécdota que recién le había ocurrido y que de sólo recordarla, todavía me recorre un escalofrío con piloerección. Sus palabras fueron más o menos las siguientes.

-"Mire Muci, alrededor de la actividad de un médico practicante ocurren hechos extraordinarios que pasarían totalmente por alto si él no atesorara en sí mismo, una disposición clara y abierta a escuchar lo que el paciente traiga a su consideración, no importando el contenido de la confidencia ni las creencias que animen la queja; por tanto, un buen médico debe ser un receptor desprejuiciado y comprometido, un real y leal depositario de los hechos que se le confíen, cualesquiera que ellos sean... Le ruego su atención".

-"Resulta que un día, ya entrada la tarde terminaba mi consulta; estaba muy fatigado por un largo día de lleno de vicisitudes y en disposición de irme a casa a reposar. En eso mi secretaria me informó que una cercana amiga, sin llamar anticipadamente, me había traído a su hija Sara de 15 años para que la examinara. Indispuesto por la intromisión sin previo aviso, la hice pasar y cuando su madre me expresó que tenía fiebre y le dolía la garganta, pensé que nada particularmente importante podía tener aquella joven, que a mis ojos, lucía tan saludable: Y así, a priori, no resistí la tentación de pensar que se trataba de una simple faringitis y me senté de nuevo en el escritorio que había dejado momentos antes, sin parar mientes en la facies sardónica o máscara tetánica con aspecto de concentración de la mitad superior de la cara y risa forzada, de volada le escribí una receta. Me despedí y abandoné el área de consulta en mi camino de vuelta a casa. Fue entonces cuando fui compelido a devolverme, tomar un depresor lingual y pedirle que abriera la boca. Quedé estupefacto cuando noté que no podía hacerlo y solo entonces pude percibir aquella facies previamente ignorada y que me era tan familiar. Inmediatamente pensé en tétanos y en efecto, existía el antecedente de que había pisado un clavo una semana antes cuando descalza, caminaba en el jardín de su casa recién abonado con bosta de vaca... Le pedí a uno de mis alumnos que de inmediato la hospitalizara, así que luego de algunos días de rigideces, convulsiones y temblores, con el tratamiento apropiado el cuadro remitió, y la joven sanó sin que quedaran secuelas. Me sentía contento de haber tenido aquel momento luminoso, para mi inexplicable".

-"Pasó el tiempo, olvidé lo ocurrido, y cierta vez me encontré con su madre en una reunión social. Al preguntarle por su hija, rápidamente me dijo que Sara se encontraba muy bien y totalmente recuperada, pero que la causa de su gran preocupación actual era su hija mayor de 22 años, Amalia, hermana de aquella. Esta joven había sido siempre retraída, tímida, muy timorata e indecisa, todo la sobresaltaba, la ruborizaba y la llenaba de miedo, al punto de que soliendo ir a menudo a la playa los fines de semana, la familia tenía preferencia por acampar en una playa resguardada y poco frecuentada, una ensenada de tranquilas aguas sembrada de cocoteros alineados en semicírculo a la orilla del mar... para que así, la niña no cogiera mucho sol. Amarraban un mecate a un tronco y el otro extremo lo asían a una tripa de automóvil inflada. Allí la sentaban, siendo que las olas ya moribundas y sin fuerzas, vinieran a mojarle las piernas... Nunca se atrevió a entrar al agua, ni siquiera en compañía de sus hermanos, magníficos nadadores".

-"A medida que la señora me contaba los hechos que constituían ahora su gran tribulación, sus ojos se abrían en forma desmesurada en busca de ayuda, de un destello de luz en los ojos míos... Pues bien, ocurrió que un domingo, uno de sus hermanos se aventuró mar adentro. Todos le gritábamos indicándole que regresara porque estaba muy lejos de la playa y en peligro de ahogarse. Él no oía o hacía caso omiso de nuestra preocupación, y nuestros gritos se fueron transformando en angustiosos alaridos.  En una de esas, la joven también muy turbada se incorporó en el centro de la tripa, se empinó como quien quiere ver más lejos, gimoteando y repitiendo que su hermano se iba a ahogar. Repentinamente elevó los brazos, los trajo a su pecho golpeándolo y lanzando un agudo grito se echó al agua... Para sorpresa de todos, se fue nadando... para colmo, lo hacía con gran destreza y rapidez, así que llegó hasta donde su hermano, lo asió por el cuello y lo trajo de vuelta a la playa sano y salvo... A su arribo, su cara estaba totalmente transformada, vultuosa, sus rasgos se habían endurecido, las venas de su frente, cuello y cara estaban ingurgitadas y tortuosas, con voz gruesa hablaba un lenguaje inextricable aderezado con gruesas vulgaridades nunca acostumbradas por ella. Tomó del suelo una botella de ron que habían traído sus hermanos, y para más estupor y confusión de todos, elevándola, trago a trago, apuró todo su contenido. Entonces dijo con altivez ser el Cacique Guaicaipuro... Pasado algunos momentos de tensa expectación, bajó la cabeza, adoptó una postura de recogimiento y con voz pausada y tranquila, expresó que era el doctor José Gregorio Hernández, el médico de los pobres... Y desde entonces, aquellas trasmutaciones se repetían casi a diario, sin cesar: Dos personalidades diametralmente opuestas, habían poseído el cuerpo de la joven".

-"Bueno Muci, ¿qué pensaría usted de una historia como esta...?  En mi caso, simulando compostura para no sonreír, pensé ¿qué otra cosa podría diagnosticarse como no fuera un caso de histeria mayor? La señora continuaba expresándome su preocupación y pidiéndome que la ayudara, que me acercara a su casa para que la viera, hablara con ella, la examinara y se la curara como había hecho con Sara, pues sería imposible sacarla de su habitación para llevarla a mi consulta. Pocos días más tarde, con motivo de una fiesta familiar, se presentó la oportunidad. Yo asistí y a las mil y quinientas, pudieron hacer que la muchacha, muy a regañadientes, se acercara a la sala donde todos departíamos. Alborotado el cabello, huraña, encorvada, desaliñada y asustada, la facies terrosa con círculos cenicientos alrededor de los ojos, apenas si elevó los ojos en señal de saludo y en la V de su escote brotaron los rojizos parches de un eritema a pudoris. En algún momento de la reunión familiar lanzó el consabido y aterrador grito, su cuerpo se enervó, su facies transmutó endureciéndose su semblante y dando inicio a su crisis mayor en medio de un lenguaje críptico abundoso en extrañas palabras, exclamaciones obscenas y sacrílegas. La botella de ron, la invitada de necesidad, salió a relucir para que no se tornara más violenta. La tomó trago a trago y completa en un envión sin que pareciera afectarla, mientras miraba a la concurrencia con ojos desafiantes. Yo, observaba maravillado y absorto la escena, pensando de nuevo que se trataba de un caso de múltiple identidad inducido por un paroxismo histérico¨.

¨Transcurridos algunos minutos de aquel drama donde todos estábamos por demás expectantes e impresionados, ocurrió la conversión... Se apoderó de su rostro la calma y el sosiego, adoptó una actitud monástica, entrelazó los dedos de sus manos, inclinó la cabeza y entornó los ojos. Con voz muy suave y pausada se dirigió hacia mí y me dijo estrechándome la mano".

-"¡Yo le conozco doctor Trómpiz! ¡Qué bueno tenerle en persona porque deseaba conversar con usted pues hay entre nosotros mucho en común! Usted como yo, ayuda a los enfermos pobres, ambos ejercimos en el Hospital Vargas y ambos también, salvando los tiempos, somos profesores universitarios por convicción y acción..." Aquel lenguaje tan cultivado y fino, distaba mucho del que había escuchado minutos antes... Habló del Hospital, de Razetti y sus tertulias con estudiantes en el patio de Vargas, de sus respetados colegas de entonces empeñados como él en modernizar la medicina, de la práctica profesional de su tiempo mostrando conocimiento y pasión, pero... de pronto, interrumpió su discurrir histórico y mirándome a los ojos me dijo:


-"¡Por cierto que yo le he ayudado en muchas ocasiones!"

Sonreí para mis adentros y me dispuse a llevarle la corriente.

-"¿Cómo es eso?" -le repliqué con mal disimulado cinismo-.

- "Pues sí doctor Trómpiz ¿Recuerda usted cuando Sara y su tétanos fueron a visitarle a su consultorio y usted ya se retiraba sin haberla examinado? Pues bien, fui yo quien al oído le susurré que se devolviera, tomara una paleta y le abriera la boca".

Viniendo esta anécdota de boca del doctor Trómpiz, no tuve más que creer en la veracidad de los hechos y pensar en lo incomprendido, en lo extraño, en lo supernatural, en la dificultad que tenemos los médicos para aceptar o explicar fenómenos extraños que a diario ocurren a nuestro derredor. Somos ¨científicos¨ ciegos y sordos, deambulando en una comarca donde los hechos extraordinarios nunca suceden, parecen no mostrársenos y por tanto nos son ignorados; más aún, los pacientes no quieren expresarnos sus  vivencias por a suscitar un gesto de desaprobación, una respuesta escéptica o quizá, tan sólo una sonrisa burlona.

¿Un simple caso de la vieja histeria de Charcot?, ¿Esa que ya figuraba en referencias en los papiros egipcios, y que luego de Platón el filósofo, e Hipócrates el médico, hicieran su descripción y que según un mito griego se pensaba que la matriz deambulaba por el cuerpo de la mujer y cuando se aposentaba en el pecho, causaba enfermedades -del griego hystera o matriz-? Más tarde Galeno de Pérgamo estigmatizó a la mujer al escribir que era causada por la privación sexual especialmente en aquellas damas apasionadas, y por ello, con frecuencia se abusó de su diagnóstico en ¨señoritas viejas¨, vírgenes, monjas, viudas y por ocasión en mujeres casadas. Durante el Medioevo y el Renacimiento no se hizo esperar que con el diagnóstico viniera aparejado el tratamiento: Matrimonio si la mujer se encontraba soltera; coito repetido si era casada y el ¨masaje¨ de una comadrona como recurso heroico. Todavía por los ríos subterráneos de la medicina se deja oír con desprecio, ¡A esa lo que le falta es hombre! 

Pero, ¿no sería lo de Amalia ese inquietante trastorno de la psiquiatría designado como trastorno disociativo de identidad o trastorno de personalidad múltiple? Quizá, a lo mejor alguna forma de psicosis.

Nunca lo sabremos... Algo parecido a ¨Sybil¨, la historia real de una mujer poseída por 16 diferentes personalidades. Sybil (1976) es un caso real llevado a la literatura por Flora Rheta Schreiber y basado a su vez en la vida de Shirley Ardell Mason, y posteriormente trasladado al cine y a una miniserie de televisión. La joven exhibía un asombroso total de 16 personalidades diferentes; sufría de la enfermedad como consecuencia de graves abusos sexuales en manos de su madre. A partir del libro, múltiples casos se sucedieron al margen de la Asociación Americana de Psicología (APA) que solo reconocería este trastorno en 1980. ¿Por qué finalmente lo reconoció? Luego de publicado el caso de Sybil a través del libro y el filme, se desvelaron las características del trastorno de identidad disociativo; algunos miembros de la APA estuvieron en desacuerdo y al considerar su inclusión afirmaron que era un ¨reconocimiento mediático¨ lo que había  afianzado la presencia del trastorno. 

Algunos todavía cuestionan su validez pues antes del éxito de Sybil apenas se habían descrito una cincuentena de casos, mientras que después el número ascendió a unos cuarenta mil, la mayoría diagnosticados en Estados Unidos, lo cual daría pie a pensar que es un trastorno de creación cultural y sustentado por medios de comunicación. Podría uno preguntarse si un fenómeno mediático puede fomentar la emergencia y desarrollo de una psicopatología... ¨Las tres caras de Eva¨, también pertenece a esta categoría de libros y una película de 1957 basada en hechos reales giraba en torno a Chris Costner-Sizemore que también sufrió un trastorno disociativo de identidad.

Sobre la psicopatología de la conciencia, asentaremos que dentro de ella se enmarca uno de los fenómenos psiquiátricos más extraordinarios e inquietantes descritos: la múltiple personalidad. Esta condición se caracteriza por la existencia de dos o más personalidades o estados de personalidad en el paciente; cada una con sus partes constituyentes de percibir, relacionarse y pensar sobre el ambiente y sobre el Yo. En un momento dado por lo menos una de estas dos o múltiples personalidades, toman el control de la conducta y ello ocurre de forma recurrente. Otra de las características definitorias de este fenómeno es la invariable presencia de amnesias localizadas, que se distinguen por que el paciente suele afirmar una y otra vez que es incapaz de recordar amplios períodos de su vida.


Podría discutirse la pertinencia del traer a colación el caso de Amalia, el porqué de la escogencia de los dos personajes de la historia que protagoniza, tan disímiles, tan radicalmente opuestos: un recio cacique representante del coraje, la valentía y la libertad, y un médico santo entregado total e incansablemente a la cotidiana asistencia de los enfermos, sin reclamar a los pobres estipendio alguno, y que atendiendo los cuerpos, a la vez curaba las almas con gran amor; ambos, haciendo fidedignas confidencias por interpuesta persona es un algo imposible de explicar.

Así que yo, desde aquella revelación de mi maestro, siento que el Santo me respira en la oreja. Pienso que es él quien me susurra: ¿Acaso no le vas a hacer un tacto rectal a este paciente?, ¿No le vas a preguntar a esta joven señora taciturna y triste cómo anda su matrimonio o cómo marcha su vida sexual?, ¿Vas a confiarte en un informe radiológico en vez de mirar las radiografía con tus propios ojos y opinar en consecuencia? o ¿Es que no te compadeces por el aislamiento en que vive el hombre enfermo en estos
convulsionados tiempos donde en tu medicina fría y mecanicista no cabe el humanitarismo y le aíslas aún más?, ¿Es que no vas a acompañar al paciente pobre en esta horrible coyuntura histórica llamada socialismo del siglo XXI donde un régimen despótico le engaña, le ignora y le utiliza?

En una ocasión y en la década noventa del siglo pasado, en un artículo publicado en mi columna ¨Primum non nocere -Primero no hacer daño-¨ del Diario El Universal de Caracas, me referí a José Gregorio con el título, ¨El residente más viejo de mi Hospital... ¡Es un santo!¨. ¨Ese mismo -decía-, que nos acompaña en el día a día y susurra en nuestros oídos palabras de estímulo para seguir adelante no obstante la adversidad que nos arropa, nos llama la atención, nos plantea diagnósticos diferenciales, está allí para nosotros y para todos sus pacientes rescatándoles parte de la esperanza perdida¨.

El hombre primitivo inició lo que podría llamarse la protopsiquatría, y arrinconado por sus miedos atribuyó un origen sobrenatural a la enfermedad, y muy especialmente a la enfermedad mental, ideando intervenciones terapéuticas para expulsar demonios, diablos y espíritus malignos mediante trepanaciones craneales. Más tarde entre los antiguos judíos, los griegos, los egipcios y los chinos se emplearon rituales de exorcismos para extirpar del cuerpo los entes diabólicos enconchados en sus entretelas. Como bien se ha dicho, esta concepción prevaleció hasta Hipócrates de Cos (460 a 370 a.C.), quien arrebató la enfermedad a los dioses para entregarla a la responsabilidad de los hombres clasificando la enfermedad sobre la base de los cuatro temperamentos que modulaban la situación emocional del afectado: colérico, sanguíneo, melancólico y flemático.

El concepto de los cuatro humores de los griegos...

En 1563 se publica un texto de demonología, De Praestigiis Daemonum de la pluma del holandés Johann Weyer (1515-1588) al que se considera como padre de la psiquiatría moderna pues en ella denuncia la demonología oficializada del Malleus Malleficarum (¨El martillo de las brujas) que vio la luz hacia 1487 y en el cual se adiestraba sobre la detección del poseído, el examen del sospechoso de contubernio con El Malo y la posterior condena de brujos y brujas que terminaban calcinando sus huesos en la pira del martirio. Pobre de Amalia si hubiera vivido en aquellos tiempos de ignorancia... La psiquiatría de nuestros días permite dar explicación a muchos fenómenos llamados paranormales: esquizofrenia, epilepsia, alucinaciones hipnagógicas e hipnopómpicas (aquellas que se producen en un estado intermedio entre el sueño y la vigilia, es decir, ocurren cuando nos estamos despertando) y muchas más que nos ayudan a esclarecer tal vez, algunos casos con apariencia
sobrenatural.

Colofón

La ciencia y el pragmatismo nos nublan la mirada acerca de hechos que a diario ocurren ante nuestros ojos; aunque el corazón conoce de cosas que no alcanzan a ver los ojos, rechazamos lo que la fisiología, la bioquímica y la fisiopatología no nos pueden explicar; por ello, atacamos con fiereza digna de mejor causa las creencias del paciente, aquello que no entendemos y no encaja dentro de nuestras concepciones médicas, y por tanto, los enfermos se
cuidan mucho de no molestar nuestro señorío y se reservan sus vivencias y concepciones de la enfermedad; así, nosotros perdemos oportunidades de ampliar los horizontes de nuestra comprensión y de crecer en medio de ella.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Un argumento demasiado frágil.

Por: Alberto Medina Méndez - @amedinamendez


 

 

 

 

Es bastante habitual que ciertas posiciones políticas intenten defenderse desde un complejo arsenal de justificaciones. La lectura acerca de lo que ocurre en el mundo real es invariablemente subjetiva, pero encuentra usualmente algún soporte intelectual en el nutrido intercambio de diversas miradas que procuran explicar cada uno de los acontecimientos.

En ese contexto y de modo recurrente, sobrevuela una estrategia argumental que tiene un marcado sesgo utilitarista y que se apoya en los hipotéticos resultados exitosos obtenidos. Desde allí, pretende advertir que una decisión política es instrumentalmente más conveniente que otra.

Es una gran tentación hacerlo. Es muy inocente caer en esa infantil trampa. De hecho hasta los más inteligentes, inexorablemente incurren en esta práctica, buscando tomar un atajo para demostrar sus eventuales razones.

Ese sendero procura conducir hacia una especie de camino breve que demuele cualquier comentario desde una pretendida objetividad manifiesta. A veces parece que se tratara de la ingenua tarea de ganar una pulseada mental para señalar que cierta idea ha sido más eficaz que otra.

En ese tipo de debates se corre el riesgo de vaciar de contenidos el valioso flujo de ideas. Sería bueno enriquecerlo con nuevos ingredientes en vez de buscar aplastarlo todo como metodología secuencial. El uso de datos técnicos, de estadísticas y cifras, no deja de ser solo una perspectiva particular sobre lo que ocurre y siempre puede alejar a la verdad.

La mayoría de los sectores políticos que gobiernan, y muchos de sus defensores acérrimos, apelan a este tipo de razonamientos de dudosa fortaleza. Sostienen que durante una etapa de tiempo consiguieron que un aumento del salario real, récord de exportaciones o una masiva compra  de vehículos nuevos, por solo citar ejemplos tan reiterados como irrelevantes.

Un peligro evidente es creer que esos números, demuestran algo realmente importante, sin visualizar que esos datos son cambiantes, que pueden revertirse velozmente y desmentir lo antedicho con excesiva simplicidad.

Es cierto también que esos movimientos políticos, tienen un manual preparado para su rutinaria manipulación informativa. Saben de antemano que cuando los vientos son favorables se adjudicarán el mérito, y cuando todo muestre lo contrario, encontrarán rápidamente un culpable, hecho a la medida, para endilgarles la responsabilidad del cambio de rumbo.

En realidad, el análisis esencial debería basarse en una escala de valores de orden conceptual. No se está mejor o peor porque un indicador u otro así lo determinen, sino en la medida que esas presuntas mediciones sean compatibles con los objetivos definidos como prioridad en un momento.

Que una persona obtenga más dinero no garantiza que sea dichoso. Pero tampoco el hecho de que consiga más ingresos lo convierte en desdichado. Si el parámetro fuera su felicidad, pues la evaluación no debería pasar entonces por indicadores que no pueden explicar una correlación directa.

Con las sociedades pasa algo muy parecido. En una comunidad, inclusive, esto constituye un fenómeno de mayor complejidad ya que supone la existencia de una voluntad difícil de establecer, ya que los objetivos de la misma no se pueden fijar con tanta contundencia porque se trata del deseo de la suma de muchos individuos con características y metas disimiles.

El dilema de fondo es interesante y merece ser discutido con suficiente profundidad. La libertad es un valor superior, lo es también la vida y por supuesto la propiedad, por solo citar los ejemplos más elementales.

Para medir el éxito de un sistema político, es imprescindible enfocarse en esas cuestiones y no en meras fórmulas estadísticas sin contenido y supuestos utilitaristas prejuicios tan encarnados en la sociedad moderna.

Aunque suene algo extraño, importa muy poco que un sistema económico sea eficiente en términos de índices si lo hace a costa de limitar libertades, irrespetar vidas humanas o apropiarse de lo ajeno. Esto mismo podría decirse en términos inversos, es decir en el caso de sistemas menos eficientes pero que permiten mayores márgenes de libertad individual, respeto a la integridad humana y al derecho de propiedad.

Estos debates pueden conducir innecesariamente hacia un callejón sin salida porque ponen en el centro de la escena a mediciones superfluas. La comparación con el deporte tal vez ayude, aunque a veces justamente este esquema es el que invita al error. En la actividad competitiva, muchos suponen que lo importante es ganar, y entonces los métodos, el estilo y hasta los ardides, no parecen ser primordiales y pasan a segundo plano.

Sin embargo para otros es posible que lo importante sea divertirse, disfrutar, compartir con amigos o hacerlo en armonía. En ese caso, si se gana será mucho mejor, pero igualmente anecdótico. Lo significativo no habrá sido el resultado, sino todo lo demás, claramente más importante.

Los números no están de más y pueden aportar un extra, un plus que agrega, y hasta convertirse en una consecuencia natural de todo lo fundamental. Nuevamente, como dirían los analistas deportivos, existen más oportunidades de ganar un campeonato jugando bien que haciéndolo mal, mostrando talento que siendo incapaz. Sin embargo, es probable que el mundo actual prefiera inclinarse frente a la linealidad que proponen los argumentos exclusivamente estadísticos.

El desafío es discutir las cuestiones de fondo, las trascendentes, las esenciales, superando la mediocridad que propone el debate superficial que se apoya en la mera conveniencia del corto plazo. Las sociedades maduras son aquellas que han logrado darle el espacio necesario a las discusiones vitales sin caer en el perverso juego de utilizar los números circunstanciales para demostrarlo todo. Hay que evitar tropezar con esa dinámica que solo invita a exhibir un argumento demasiado frágil.

www.existeotrocamino.com

Elogio del reloj y el tiempo de Dios...

Por: Rafael Muci-Mendoza

 



Tengo un reloj pulsera Casio desde hace más de 20 años, es un reloj que cálculos conservadores catalogarían como de medio pelo; siempre lo mantengo en la hora llamando al 119, donde un señor muy serio y circunspecto, con acento español, me indica tres veces seguidas la hora exacta con minutos y segundos como si yo fuera estúpido; con una vez que me lo dijera me bastaría. Es un ¨jog & walk calorie¨, ¨water resistent 100 M¨, lo que quiere decir que puedo sumergirme en el mar a profundidades casi abisales sin que se detenga o se inunde de agua; todavía no me he decidido a probar la veracidad de este supuesto, pero les juro que me baño con él, lo enjabono y lo seco cuidadosamente. Está rayado; a cada rato se me revienta la correa plástica porque lo coloco de un lado de la muñeca y la tensión termina por partirla; muestra microtraumas en su perfil que son las arrugas del tiempo de los relojes. La correa vale Bs 1800, pero en el Centro, frente al Palacio de la Academias, las venden y las colocan a un bajo precio y de paso, ayudo a un ¨trabajador informal¨ porque seguro que buhonero no es. Pero lo amo porque tiene un marca-pasos sonoro que activo mientras troto, me hace mantener un paso acorde a mi capacidad y al final me dice cuánto tiempo me tomó mi entrenamiento y cuántas calorías consumí. Sinceramente, creo que esta información tampoco me ha servido de mucho, pero ahí queda. Es todo, mi pobre reloj no se conecta a la Internet pero me lanza un pitido al marcar la hora, que casi constituye para mí una prueba de agudeza auditiva por lo quedo de su reiterada queja horaria... Ah, y también tiene alarma para despertarme a las 2.20 A.M. hora de espantos y aparecidos, hora de oscuridad y crimen, pero también hora de estudio y producción intelectual. Me considero pues, muy afortunado de tenerlo conmigo; sin embargo, hay tantos puntos de vista como seres humanos existimos... Otros consideran que mi reloj es realmente una vergüenza y hasta digno de desprecio y repudio. En días pasados un malandro trató de arrebatármelo, lo vio y con gran desprecio me lanzó el brazo hacia abajo; menos mal que no me disparó la cacerina de su pistola por andar tan mal trajeado, porque encontrándome cerca de la Asamblea Nacional, vio a otro candidato, un asambleísta con un reloj que daba envidia: Haimov HM14 "anti-imperialista" que cuesta US $62.000, y allá, con decisión y apetencias se fue raudo y decido. De no ser por ello, no lo estuviera contando; por ello, debo amarlo aún más...

El reloj de pulsera ya cuenta un siglo de antigüedad, tiene múltiples caras y facetas, y su seducción hace parte de la cultura. Su significación difiere para las diferentes personas y grupos de la sociedad. Para algunos portadores de relojes como yo, su importancia se limita únicamente a la visualización de la hora, del tiempo, ese inflexible dictador...; para otros, constituye una codiciada pieza de colección; por el contrario, otros lo ven como un accesorio complementario de la moda y culturalmente, un símbolo del estatus, una declaración de poder, una oportunidad de ostentación. Compañías como Casio, Seiko, Samsung, ya han sacado al mercado sus primeros prototipos de relojes "inteligentes", capaces de funcionar a modo de teléfono o de conectarse a nuestro celular. ¡El sueño de Dick Tracy hecho realidad! Las marcas famosas como Rolex, Breitling, Jaeger LeCoultre, IWC y Tag Heuer, están diseñador para mostrar poder económico, político o social. Estos artilugios son sinónimo de lujo, de prestigio y de estilo de vida. Antes los relojes de las mujeres eran diminutos y sutiles como sus figuras; ahora, que las mujeres fuman, se echan palos, comen chatarra, dicen groserías de alto calibre y exhiben grandes y poderosas razones implantadas, son unos cebollones desechables que dan la impresión de pesar mucho y servir de muy poco...

Anteriormente un ¨tierrúo¨ era una persona de bajo nivel económico que poseía un vocabulario limitado, generalmente lleno de vulgaridades y palabras soeces, un sujeto de pocas luces y conocimientos; quizá agresivo, borracho, parrandero y jugador como Juan Charrasqueado: la culpa era de la falta de oportunidades... pero, esta definición ha variado, hay ¨tierrúos¨ del cerebro y del comportamiento social, ¨elementos¨ qué prevalidos de su poder, del poder que les da el partido rojo, exhiben relojes costosísimos que obscenos, dejan ver cuando alzan sus brazos con el puño apretado, sinónimo de revolución armada pero pacífica, en clara señal de amenaza y que sin ningún recato hablan de pobres,  menesterosos, chupamedias y marginados del capitalismo.

Presidentes, deportistas sufragados por el estado, ministros
revolucionarios, alcaldes rojos, cualquier bicho de uña que detente un ministerio o un viceministerio, si se precia, debe lucir en su muñeca y de vez en cuando replegarse el puño de la camisa para mostrar un Richard Mille no "hecho en socialismo" que cuesta $ 110.000, o un  Haimov HM14 "anti-imperialista" que cuesta US $62.000, o aquellos de un viejo revolucionario inventor de fatalidades, y descubridor de conspiraciones y magnicidios en TV, que luce, según el caso, bien un Rolex Oyster Perpetual Cosmograph Daytona de oro rosado de 18 quilates con correa de piel de cocodrilo del Mississippi de módico precio: US $ 28.800 o un Bvlgari que vale US $ 11.700. Otros abnegados servidores del pueblo llevan sin recato un Panerai a un coste de US$ 14.900, o un Rolex de US de $ 9.475, o un reloj U-Boat que cuesta US $ 6.150. Con los magros estipendios que reciben no pueden comprarlos, ¨pero es que me lo regalaron¨ porque un reloj fino siempre ha comprado una conciencia, un favor pues ... Entre nosotros parece que la mano que roba no suele ser visible, pero la mano que gasta es monstruosamente visible y hace tanto ruido como un taladro neumático manifestado en las lujosas camionetas blindadas sin placas, en los viajes de salud al exterior en aviones de la nación, mientras el paupérrimo se sume en su desesperanza; en las mansiones en construcción en el Country Club y La Lagunita en momentos en que un joven profesional debe vivir con sus padres, no puede casarse y mucho menos comprar o aspirar a comprar un techo provisional que su intelecto y trabajo le lleven a mejorar a cada tanto como su sitio de vida...

Y es que el reloj de pulsera mide ese tiempo que es un bien, que se puede invertir o gastar, pero que no puede ni debe guardarse o malgastarse porque es la materia con que está hecha la vida, y debe ser empleado en bien de todos, y cuando al ¨tiempo" nos referimos, recordamos dos palabras griegas: Cronos y Kairós. El tiempo secuencial y cronológico deriva de cronos; no otra cosa que el tiempo humano, vital, ese que en nosotros, los provectos, va tocando a su fin, especialmente cuando presenciamos la partida de familiares, amigos y contemporáneos. Pero Kairós  es el tiempo de Dios, y significa el momento oportuno, ni antes ni después; un calendario divino que controla los hechos de la vida, nadie sabe cuándo llega ni lo espera pero un buen día se hace efectivo... Él tiene un tiempo para cada cosa y no podríamos saber cuándo decide ejecutarlo, no podemos anticiparlo ni forzarlo. El tiempo que vivimos, tan trágico y doloroso como es para los venezolanos, también toca a su fin: No hay sino que mirar la destrucción, la pena y los dolores no atendidos para husmear un tufillo a final fatal.

El filósofo William James (1842-1910) afirmó que la más grande utilidad de nuestra vida era emplearla en algo que durara más que ella; es decir, en trascender. Por su parte, me decía el Maestro Félix Pifano (1912-2013), moviendo su dedo índice en gesto de predicador, mire Rafael, ¨nacemos, nos hacen, crecemos, nos hacemos y trascendemos...¨

sábado, 13 de diciembre de 2014

Venezuela: ¿Por qué nos quieren llevar por la ruta electoral 2015-2019?

Por: María Walter / Soberania.org
El elector no elige por causa de que la estructura del poder electoral ha sido montada expresamente con la finalidad de que nada cambie

“Prefiero el título de Ciudadano al de Libertador,
porque éste emana de la guerra,

aquel emana de las leyes”. Simón Bolívar
“A pedir vengo a los Hijos de Bolívar un puesto en la milicia de la paz”.
José Martí, Apóstol cubano de la Libertad
“La violencia es el miedo a los  ideales de los demás”.
Mathama Gandhi, Apóstol hindú de la Paz

Porque es a través de las elecciones que  tanto políticos oficialistas como opositores conocidos han “recibido” del pueblo la “Auctoritas” para que ejerzan mando; así, una y otra vez la ruta electoral surge como la idónea  a los fines de la preservación de los cargos de representación popular en las distintas instancias de poder politico/territorial.

El asunto es que, lo que en realidad sucede es que a través de dichos cargos de representación los electores DELEGAMOS NUESTRO PODER DECISORIO,  de allí que las elecciones son la manera para “delegar en otros” ese nuestro PODER DECISORIO; es por ello que consciente de la responsabilidad que como ciudadanos con cualidad política tenemos, en aras de la necesaria defensa y reconstrucción de la Patria,  hoy 8 de diciembre de 2014 propongo que Nosotros, Ciudadanos venezolanos con cualidad política, lejos de delegar nuestro poder decisorio (Poder Político), lo conservemos en Nosotros mismos, como en efecto, a través de este acto de carácter público hago, de conformidad con la Ley de la República Bolivariana de Venezuela y al amparo de la Ley de Dios para así, INVESTIDA(OS) DE LA AUTORIDAD prevista por la Constituyente de 1999, asumiendo(nos)  y  actuando  en concordancia de SER  POSEEDORA(ES) DE AUTORIDAD, utilizando  ese poder político del cual por causa de la condición ciudadana y en ejercicio del protagonismo obligante que la propia Constitución establece en su Articulo 333 en aras de la defensa de la Patria y, la restitución de los Preceptos Fundamentales que han venido de manera flagrante siendo vulnerados; actuando en favor de Nosotros mismos, CIUDADANOS VENEZOLANOS  y no,  en favor de terceros inútiles para desarrollar a la Venezuela próspera del Siglo XXI,  pero, si hábiles para robar y dilapidar el Tesoro Público, en mi condición de ciudadana venezolana, mujer y madre,  asumiendo con pleno poder y autoridad EL PODER SOBERANO que la Constitución me  reconoce y  consagra  -nos consagra-  actuando por causa de madurez política, con plena consciencia de mis actos,  EJERCIENDO SOBERANIA DIRECTA Y NO DELEGADA, NO INDIRECTA  (elecciones) como se nos tiene ‘acostumbrados’; así EMPODERADA DE PODER CIVIL Y POLITICO y por tanto, EMPODERADA  COMO CIUDADANA VENEZOLANA,  INVESTIDA DE LUZ,  insto a mis Hermanos Venezolanos al   EMPODERAMIENTO  INDIVIDUAL Y COLECTIVO COMO PUEBLO  SOBERANO  para, desde tal condición, asumir darle un alto a la DICTADURA que a través de la ruta electoral adquiere traje de gala democrática,  cual si falso fuera que en Venezuela se han irrespetado Derechos Humanos Fundamentales, se ha vulnerado la Soberanía, no solo al extremo que, pese a la contínua  y permanente  realización de procesos electorales,  realmente el elector no elige por causa de que la estructura del poder electoral ha sido montada expresamente con la finalidad de facilitar los medios para que, al cobijo de los poderes cautivos a las exigencias de las figura presidencial, en colaboración por algunos líderes opositores que comparten con ellos en cofradía, cuotas de poder y prebendas, lograr que nada cambie.

Es por ello que,  este es un llamado a la reflexión del pueblo para que abandone conscientente el  fangoso puerto electoral que se nos ofrece para el lapso 2015-2019 y que promociona no solo elecciones para renovación de la Asamblea Nacional (2015) sino la elección presidencial  (2019) e, incluso, la posibilidad de viabilizar por medio del CNE  la convocatoria  para realizar un  proceso consttuyente en un tiempo aun no determinado.

Quiero ser enfática al respecto,  ya que, dar pasos seguros hacia la rectificación del sinnúmero de desaciertos  en que se ha incurrido en el ámbito de lo público, con las consecuencias que a nivel individual y familiar tiene para todos los venezolanos, exige de manera urgentísima de la reflexión profunda y la organización para la aplicación de los correctivos pertinentes que, al abrigo de las ciencias, sean indispensables, máxime cuando la profundidad de la crisis existente deja ver  que a la hora de las decisiones los aspectos ideológicos están por encima del apego a los criterios técnicos; por ello, este llamado es una invitación a la  transformación de  la acostumbrada condición  de Pueblo Elector por la que se nos convoca, para transformados gracias al ímpetu libertario que sembraron en Nosotros nuestros primeros padres los indígenas y los próceres de nuestra Independencia,  a  cualificar dicha condición,  al convertirnos en Pueblo Opositor Consciente, condición política a través de la cual venezolanos, civiles o militares, independientes o militantes (de izquierda o de derecha), Ni-Nis y Resistencia Civil y Militar,  asumiéndonos en pleno derecho a tomar con carácter  crítico la situación socio-política- económica existente,  en PLENO EJERCICIO DE SOBERANIA DIRECTA, ASUMIENDONOS COMO CIUDADANOS LIBRES CON LEGITIMO DERECHO A EJERCER AUTORIDAD CIVICO- MILITAR, nos asumimos cualificados  para decidir con suficiencia y desde la civilitud  nuestro destino.

Bastan estos 16 años de experiencia al estilo castro-cubano para asumir esta decisión en defensa de los valores de la Patria Libre y Soberana. Gracias a los Hermanos cubanos por mostrarnos a través de su dolorosa experiencia el  insignificante poder del voto cuando la forma de gobierno es una DICTADURA. Bastan estos 16 años de experiencia al estilo castro-cubano para decidir como PUEBLO SOBERANO que los venezolanos no queremos dictadura!   Los venezolanos queremos convivir pacíficamente,  Juntos e Integrados, Conscientes de nuestra corresponsabilidad en la Solución de crisis existente y, por tanto, dispuestos desde la dignidad a decir basta a este absurdo de la separatividad entre Hermanos, este  absurdo de la intolerancia, la violencia y  la militarización con la cual se nos ha pretendido entrampar mediante la amenaza, el miedo y el terror.

Por ello, “anhelantes de  ser un pueblo identificado con el respeto a la Dignidad Humana, la Verdad,  la Libertad,  la Justicia y el Compromiso por el bien común”, actuando como Hijos de Dios para romper con cualquier pacto, acuerdo o negociación contraria a la Verdad y la Luz,  asumimos la experiencia de estos 16 años  pasados de  dificultades como parte de la lección que la vida nos brindó (y desde nuestra experiencia brinda a los pueblos del Mundo) para edificar como pueblo pacifista y democrático,  la Sociedad Fraterna Técnico Humanística que, desde el presente, el futuro nos exige como garantes de la Libertad de las generaciones presentes y futuras.

En consecuencia, este es un llamado para construir como Hijos de Dios la convivencia fraterna, sanando desde el Amor las heridas que las acciones (lecciones) acerca de la intolerancia, el resentimiento y el odio nos fueron dadas para probar nuestra capacidad de superación de las dificultades  que con total  intención fueron instrumentalizadas para dividirnos, enfrentarnos,  con la pretensión de hacernos creer bajo condición de sumisión que éramos  enemigos irreconciliables como si en realidad los venezolanos careciéramos del fuego libertario que desde el Empíreo,  el Supremo Autor infundió al pueblo venezolano, haciéndonos lo que SOMOSSeres Libres de  convivencia pacífica,  honestos y trabajadores, técnicamente capaces  para dirigir en cooperación armónica nuestra Nación hacia la obtención de niveles Superiores de Calidad de Vida.

Por lo antes expuesto, este es el tiempo de LA CIUDADANIA CONSCIENTE y por tanto, el tiempo preciso para  asumir responsabilidad con las generaciones presentes y futuras,  tiempo donde la llama libertaria nos convoca a asumir, de manera civilizada dar los pasos necesarios para en corto plazo enrutarnos todos hacia la conquista de METAS COMPARTIDAS COMO PUEBLO/NACION PARA ASI, REALIZAR EL MAYOR DE LOS COMPROMISOS QUE LA AMADA VENEZUELA ESPERA DE SUS HIJOS!

Hermanos Venezolanos, de Nosotros depende el futuro!  Venced el miedo que la Libertad  está esperando por nuestras acciones para convivir expandiendo la cultura de la Paz.
CON LA PLENA SEGURIDAD  QUE   EL VALOR DEL VUELO LIBERTARIO CONTENIDO EN ESTAS PALABRAS FAVORECERA LA TOMA DE  LA CONCIENCIA CIUDADANA,  insto a la Fuerza Armada Nacional a sumarse a este proceso de reconstrucción y defensa efectiva de la Soberanía como garantes que son de ella por mandato constitucional. A aquellos que persistan en mantenerse a la orden del régimen pro castrista han de comprender que esta ACCION CIUDADANA ES Y SERA ABSOLUTAMENTE LEGITIMA Y CONSTITUCIONAL y por ende, de obligado compromiso patriótico de las fuerzas militares a quienes por causa de origen del Ejército Libertador están obligados a la no utilización de las armas en contra del PUEBLO SOBERANO  y por tanto,  de Uds. se espera y  a Uds. corresponde el resguardo y defensa de la soberanía, asumiéndose como  GUARDIANES  Y DEFENSORES de la CIUDADANIA  QUE EN SU CONDICION  SOBERANA ASUME ACTUACION de  conformidad al obligante mandato constitucional  establecido en el Artículo 333 acerca de la CORRESPONSABILIDAD CIUDADANA.
Por ello, como población civil fiel a su vocación pacifista y democrática exige para el restablecimiento del hilo constitucional el acompañamiento y acatamiento al PODER CIUDADANO, AL PODER SOBERANO QUE LAS CONVOCA A LA ACCION PACIFICA Y RESPONSABLE,  EN CONCORDANCIA AL MANDATO DEL RESPETO A LA VIDA Y DEMAS DERECHOS HUMANOS DE LA CIUDADANIA y por tanto, les insta a colocarse a su lado como PATRIOTAS que conscientes de que la Soberanía de la Patria ha venido siendo vulnerada, actuando como ciudadanos, asuman estar a nuestro lado para  la impostergable reconstrucción de la Patria

En consecuencia y por causa de la autoridad conferida por el Constituyente en el año de 1999, en este día 8 de diciembre de 2014, ante la opinión pública nacional e internacional, desde Caracas, Venezuela, América del Sur, actuando como ciudadana venezolana, mayor de edad, hábil políticamente  insto a todo ciudadano cubano  civil o militar con injerencia en el poder nacional en materia de Seguridad y Defensa Nacional a ABANDONAR EL PAÍS  de manera pacífica! Al ciudadano Nicolás Maduro y al cuerpo de funcionarios, les aclaro que esta solicitud no raya en la ingenuidad, sí en el compromiso fehaciente de asumir acción soberana sobre nuestros asuntos e intereses!

A los ciudadanos del mundo que hacen vida en nuestro país, válida es la oportunidad para manifestarles que SIENDO COMO SOMOS UN PUEBLO PACIFICO QUE ASUME DE MANERA RESPONSABLE Y CIVILISTA  ACCION DE SOBERANIA Y COMO TAL, LA EXIGE,  A LA PAR,  TAMBIEN CONFIA ESTA ACCION DE SOBERANIA SEA COMPRENDIDA Y COMO TAL, RESPETADA.
QUE LA PAZ NOS SOSTENGA PARA CON TEMPLANZA ASUMIR LOS RETOS QUE LOS NIÑOS QUE AUN NO HAN NACIDO ESPERAN DE NOSOTROS!
DIOS Y PATRIA! LIBERTAD! 8 de Diciembre de 2014 tiempo que Sella la Regencia de la Luz e instauración de la 7ma. República.

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Notas: 
Si a la actual escasez de alimentos y medicinas, la pérdida del poder adquisitivo de la moneda venezolana,  la importación de bienes a precio de dólar fluctuante, la encuentra Ud. asociada a  la llamada guerra económica de la “oposición apátrida”, le invito a  releer  estas líneas con la mano en el corazón y la mente abierta a las posibilidades que el Amor cierto ofrece,  teniendo en consideración su reacción  a la hora de hacer una cola para la adquisición de mercaderías…  También sirve a los mismos fines que Ud.  recuerde  la  enorme cantidad de pollos, leche y medicinas  vencidos que como caso de corrupción  nunca fue discutido en la Asamblea Nacional,  pese al revuelo que por  oprobioso pasó  a  ser conocido  como  el CASO PUDREVAL…

EL AMOR ES EL ARMA, LA ESTRATEGIA Y EL LOGRO, SOL-DADO, HE ALLI TU UNIFORME!
QUE LA PAZ NOS SOSTENGA EN EL CAMINO TRASCENDENTE DE LA VUELTA A LA HERMANDAD!

CONSTITUCION DE LA REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
Art. 333: Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella.
En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia.
Artículo 350: El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contrarie los valores, principios y garantíasn democráticas o menoscabe los derechos humanos.

lunes, 8 de diciembre de 2014

La sombra pálida del destino

Por: Luis Lòpez Nieves


El guerrero
El 21 de julio de 1798, durante la legendaria Batalla de las Pirámides en que Napoleón Bonaparte derrotó a los mamelucos egipcios, el capitán francés Philippe Farel luchaba frente a su compañía de húsares en el punto más denso y sangriento del combate. Era mucho el polvo que levantaban los guerreros, los animales, la artillería y las máquinas de guerra de ambos bandos. El flanco izquierdo del caballo del capitán Farel golpeó, de pronto, el flanco derecho del caballo del capitán egipcio Esmat Nazif. Ambos combatientes giraron rápidamente en sus monturas, pero el capitán francés fue más veloz: con un movimiento instantáneo de su brazo derecho hundió su sable en el pecho del capitán Nazif, quien soltó su alfanje, cerró los ojos y cayó a tierra sin decir palabra. El capitán Farel no tuvo tiempo de mirar hacia abajo para conocer el rostro del hombre a quien había matado: otro jinete egipcio lo atacaba con la cimitarra en alto.
Poco después del fin de la batalla, el capitán Farel regresó a Francia con el general Bonaparte, a quien sirvió fielmente hasta la célebre batalla de Waterloo en 1815, aunque para esta fecha ya había alcanzado el rango de general. Perseguido por sus ideas bonapartistas y su lealtad a la memoria del Emperador destronado, el general Farel huyó de Europa y se estableció en el sur de la provincia francófona de Quebec, en América del Norte, adonde llegó en mayo de 1817. Gracias al oro y a las piedras preciosas que rescató del tesoro de su admirado Napoleón, compró millares de hectáreas de tierras de pastoreo y fundó una hacienda ganadera. Un año después llegaron desde Francia su esposa y su hijo.

El hijo
Gérard Farel, nacido en París en 1810, llegó al sur de Québec con su madre, la mujer del ex general Philippe Farel, cuando sólo tenía ocho años de edad. Al igual que lo habían hecho su bisabuelo y su abuelo en Francia, y su padre en la provincia de Québec, se dedicó a la ganadería, aunque nunca fue feliz ni se sintió satisfecho. Todos los días se sentaba en el balcón de su mansión campestre a contemplar las inacabables praderas de verde pasto, pero no podía disfrutar la hermosura del paisaje: en realidad no hacía más que añorar y revivir los recuerdos de su infancia en París. Como si se tratara de un sueño, recordaba el ruido de los caballos sobre las calles pavimentadas de la ciudad, sus divertidos paseos por el Bosque de Bolonia, y el alboroto citadino de los peatones y los coches que desde niño había asociado con lo más exquisito de la vida. Gérard fantaseaba con volver a París. Y así lo hizo a los 57 años de edad: de pronto, un buen día del año 1867, le cedió su hacienda a sus dos hijos, agarró una cantidad sustancial de ahorros y regresó con su mujer a Francia.

Los nietos
Adolphe y André Farel –gemelos– nacieron en la hacienda de Gérard Farel en 1846. Adolphe lamentó la noticia de la partida de sus padres, en especial la de su madre, a quien se sentía muy apegado, pero recibió con grande alegría el anuncio de que al fin sería dueño de la mitad de la hacienda familiar. No ocurrió igual con André. Este prefería los libros a la ganadería, las bibliotecas a los prados, la reflexión filosófica a la acción inmediata y bovina. Acordaron que Adolphe administraría la próspera hacienda y le enviaría a André una pensión de lujo, para que viviera a gusto en una ciudad con biblioteca y se dedicara a los estudios. Así lo hicieron durante toda la vida. Ambos hermanos se querían mucho y nunca discutieron por dinero.
Al principio André vivió en la ciudad de Québec, donde tenía reputación de intelectual y excéntrico porque no se interesaba por las cosas que incumbían a la mayoría de sus vecinos. Además, nadie sabía por qué vivía con tanto desahogo, con coche y caballos propios, ya que jamás lo habían visto trabajar. En 1886, a los cuarenta años de edad, había agotado las bibliotecas de Québec, por lo que decidió mudarse a Montreal, donde aprovechó las circunstancias para aprender inglés. Diez años después, a los cincuenta, concluyó que Montreal le quedaba pequeña y optó por mudarse a Nueva York: se le había metido en la cabeza la idea de que sólo sería feliz si vivía en una ciudad con muchas librerías y grandes bibliotecas. Alquiló un apartamiento cómodo, con vista al Parque Central, y vivió lo que sería la etapa más plena y hermosa de su vida, porque tenía a su alcance todos los libros del mundo.
A los tres años de vivir en Nueva York, en 1899, conoció a una joven neoyorkina en una biblioteca. A pesar de la gran diferencia de edad –André ya tenía cincuenta y tres– la hermosa muchacha, como ocurre con relativa frecuencia, se enamoró desesperadamente de Farel, no sólo por su intelecto, que la dejaba sin habla, sino porque seguía siendo un hombre guapo y hablaba con ese encantador acento francés que, como es sabido, ninguna mujer puede resistir. Dos años después, en 1901, nació Víctor.

El biznieto
Víctor Farel nació en Nueva York, en el barrio de Manhattan conocido como Greenwich Village. Ocho años después, todavía niño, quedó huérfano de padre, por lo que se crió como estadounidense. Al principio, la madre –que conocía bien la lengua gala– le hablaba sobre su herencia francesa y quebequense e intentó enseñarle a hablar francés, pero el niño sólo se interesaba por la mecánica, la ingeniería y la aplicación de las ciencias a las técnicas industriales. Cuando sólo tenía doce años de edad quedó huérfano de madre. Gracias a una amiga de la fallecida, que conocía la dirección de los abuelos maternos del niño –vivían en Ohio–, las autoridades pudieron comunicarse con ellos y enviarles al menor. Nadie conocía a su tío Adolphe, quien administró la hacienda ganadera hasta los ochenta y cinco años de edad y nunca se arrepintió de su feliz existencia rodeado de vacas.
Víctor se hizo ingeniero, se casó con una norteamericana de ascendencia inglesa y pasó a ser un estadounidense más de Ohio, con apenas unas vagas nociones de sus orígenes franceses, y sin ningún conocimiento de las gloriosas hazañas de su bisabuelo, el general Farel, al lado del emperador Napoleón I.

El tataranieto
Billy Farel nació en Columbus, Ohio, en 1929. Padecía serios problemas de aprendizaje. Odiaba la lectura y la escuela porque desde niño su padre lo había sometido a un régimen insoportable de estudios científicos. Mientras los demás niños jugaban, iban al cine o escuchaban la radio, Billy tenía que pasar la tarde sentado al lado de su madre, memorizándose las tablas de multiplicación o leyendo libros de ingeniería o de mecánica industrial que lo aburrían hasta desear la muerte. En el hogar de los Farel no había paz, sino guerra continua. El padre exigía disciplina y estudio, el hijo quería juego y libertad. La madre, como ocurre en estos casos, intentaba servir de intermediaria, pero el carácter del padre era muy intransigente, casi militar.
En 1945, a los dieciséis años de edad, harto de una situación familiar que le convertía la vida en un infierno, Billy Farel se fugó de la casa paterna. Aunque joven, ya era alto, fuerte y musculoso. No era un intelectual, pero tampoco era tonto. Primero vagó de ciudad en ciudad, aceptando trabajos menores que pagaban poco; luego empezó a visitar otros estados. Tras una vida nómada de quince años, de la que nunca se arrepintió porque conoció decenas de ciudades y vivió con entera libertad, a los treinta y un años empezó a trabajar en una panadería de Alexandria, en el estado de Virginia. Se enamoró del arte de hacer pan y echó raíces. Nunca jamás abandonó su amada ciudad de Alexandria.

El retorno
Philip Farel nació en Alexandria en 1973. Su padre se había convertido en un próspero comerciante, dueño de una cadena de trece panaderías, pero ningún miembro de la familia Farel quería que Philip fuera panadero. Billy quería que estudiara abogacía, para que pudiera administrar la cadena y convertirla en una franquicia internacional, y la madre de Philip quería que estudiara medicina, porque decía que en todas las familias hacía falta un médico. Pero, aunque nadie se había dado cuenta todavía, el destino de Philip estaba sellado. Desde niño sus juegos favoritos habían sido los relativos a la guerra. Se vestía de soldado, hablaba como soldado, leía libros sobre soldados y guerras, sólo veía películas marciales. Nunca se sacaba de la correa un revólver de plástico que parecía verdadero, y siempre vestía uniforme de camuflaje. Fue cobito y niño escucha. Marchaba en todas las paradas del 4 de Julio.
Alumno aplicado, cuando estaba a punto de terminar sus estudios preuniversitarios le expresó a sus padres su sueño de ingresar a la mejor academia militar de los Estados Unidos: West Point. Gracias a sus buenas calificaciones y a las influencias políticas de su padre, fue admitido a la prestigiosa universidad. Se graduó en 1995, a los veintidós años de edad, con el rango de teniente. Ocho años después, en 2003, había ascendido a capitán. Participó en la invasión norteamericana de Irak con la 82ª División Aerotransportada, a cargo de una compañía de infantería. Consumada la ocupación de Bagdad, a la compañía del capitán Farel le asignaron la tarea de buscar y erradicar a los combatientes enemigos de uno de los barrios más poblados y peligrosos de la ciudad. El 21 de julio de 2004, durante una operación limpieza de casa en casa, el capitán Farel supervisaba a sus tropas mientras registraban las habitaciones de una mansión grande y oscura. Philip Farel escuchó un ruido en un cuarto vacío que estaba a su izquierda. Sin pensarlo, casi por instinto, entró solo a la alcoba. De pronto vio una figura humana oculta detrás de la puerta. Ambos giraron rápidamente, pero la figura iraquí fue más veloz. Colocó la punta de su puñal sobre el corazón del capitán Farel, y con la otra mano le apretó la garganta para que no gritara. Con mucha dificultad, porque casi no podía respirar, el Capitán suplicó en voz muy baja:
–Por favor, no te he hecho nada. No me mates.
* * *

El guerrero
El 21 de julio de 1798, durante la legendaria Batalla de las Pirámides en que los mamelucos egipcios fueron derrotados por Napoleón Bonaparte, el capitán egipcio Esmat Nazif luchaba frente a su compañía de jinetes mamelucos en el punto más denso y sangriento del combate. Era mucho el polvo que levantaban los guerreros, los animales, la artillería y las máquinas de guerra de ambos bandos. El flanco derecho del caballo del capitán Nazif golpeó, de pronto, el flanco izquierdo del caballo del capitán francés Philippe Farel. Ambos combatientes giraron rápidamente en sus monturas, pero el capitán egipcio fue más lento: recibió un sablazo en el pecho. Sintió un dolor agudo, punzante, opresivo, que en un segundo le recorrió el cuerpo entero, le paralizó los músculos y lo dejó sin fuerzas. Soltó el alfanje que llevaba en la mano derecha, se le cerraron los ojos y cayó de la silla sin emitir una palabra. Murió sin conocer el rostro del hombre que lo había matado.
Poco después de esta célebre batalla, la ciudad egipcia del capitán Esmat Nazif fue arrasada por los franceses. Perseguida por ser la mujer de un capitán y noble egipcio, la joven esposa de Nazif escondió entre sus ropas a su niña recién nacida y huyó de Egipto con la ayuda de su hermano. Se estableció en el sur de la ciudad palestina de Jericó, y gracias al oro y a las piedras preciosas que le dieran los padres de su marido antes de huir, compró millares de cabras y de ovejas y fundó una lucrativa empresa de pastoreo.

La hija
Fátima Nazif, nacida en El Cairo en 1798, llegó al sur de Jericó con su madre, la viuda del capitán Nazif, cuando sólo tenía cinco meses de vida. Al igual que lo habían hecho sus ancestros maternos en Egipto, y su madre en el sur de Jericó, se dedicó al pastoreo, aunque nunca fue feliz ni se sintió satisfecha. Todos los días se sentaba junto a sus inmensos rebaños y rehuía el contacto de los pastores, de las pastoras y de todos los que buscaban su compañía. No podía disfrutar la riqueza de sus rebaños ni la suave belleza de los montes que la rodeaban, porque desde niña su madre le había leído en voz alta los cuentos de Las mil y una noches y ella añoraba visitar Bagdad, la mágica ciudad de visires y sultanes. Como si las lecturas de su madre no hubieran sido fantasías, sino reales, a Fátima le bastaba con cerrar los ojos para ver las calles laberínticas de la ciudad, escuchar el bullicio del mercado y olfatear las nubes de incienso que brotaban de las ventanas de los palacios bagdadíes. Un buen día del año 1853, tras cumplir 55 años de edad, Fátima decidió de pronto que la felicidad valía más que un millón de cabras. Le cedió sus rebaños a sus dos hijas, agarró una cantidad sustancial de ahorros, escogió a cinco de sus criadas favoritas y a sus tres guardaespaldas más fuertes, y partió a la ciudad de sus sueños.

Las nietas
Amira y Aicha –gemelas– nacieron en el sur de Jericó, junto a los rebaños de Fátima Nazif, en 1830. Amira lamentó la noticia de la partida de su madre, a quien se sentía muy apegada, pero recibió con alegría el anuncio de que al fin ella y su marido serían dueños de la mitad de los rebaños. No ocurrió lo mismo con Aicha. Esta prefería los libros a la ganadería, la lectura a los prados, la poesía a la acción inmediata y bóvida. Acordaron que Amira administraría los prósperos rebaños y le enviaría a su hermana una pensión de lujo para que escribiera poesía y viviera a gusto en una ciudad con biblioteca. Así lo hicieron durante toda la vida. Ambas hermanas se querían mucho y nunca discutieron por dinero.
Al principio Aicha vivió en Jericó, donde tenía reputación de excéntrica porque no se interesaba por las cosas que incumbían a la mayoría de sus vecinas. Además, nadie sabía por qué vivía con tanto desahogo –con coche, guardaespaldas y caballos propios– ya que jamás la habían visto en la compañía de un hombre que la mantuviera. En 1856, a los veintiséis años de edad, había agotado las bibliotecas de Jericó, por lo que decidió mudarse a Jerusalén. Cuatro años después, a los treinta años de edad, concluyó que la provinciana ciudad de Jerusalén le quedaba pequeña y optó por mudarse a Constantinopla: se le había metido en la cabeza la idea de que sólo sería feliz en la más grande y culta de todas las ciudades musulmanas, donde abundaban las bibliotecas, las mezquitas y todos los museos de arte. Compró una casa majestuosa en el centro de la ciudad, con vista hacia el Cuerno Dorado y Hagia Sophia, y vivió entonces lo que sería la etapa más hermosa de su vida, porque tenía a su alcance toda la poesía del mundo.
Al año de vivir en Constantinopla, en 1861, conoció a un poeta turco en la biblioteca de la Gran Mezquita de Suleimán el Magnífico. Como ocurre con frecuencia en estas situaciones, el escritor se enamoró perdidamente de Aicha, no sólo por sus versos que lo dejaban sin habla, sino porque era una mujer bella, de grandes ojos negros, que hablaba con ese encantador acento egipcio que, como es sabido, ningún hombre puede resistir. Un año después, en 1862, nació Adiba.

La biznieta
Adiba nació en el Barrio Antiguo de Constantinopla, a pocas calles del célebre Bazar Egipcio. Ocho años después, todavía niña, quedó huérfana de madre, por lo que se crió como turca. Al principio su padre –que conocía bien la historia egipcia– le hablaba sobre su herencia faraónica, pero la niña sólo se interesaba por la astronomía, las matemáticas y el estudio de la lógica. Cuando sólo tenía doce años de edad quedó huérfana de padre. Gracias a un amigo de su padre fallecido, que conocía la dirección de los abuelos paternos de la niña en la ciudad turca de Esmirna, las autoridades de la Gran Mezquita Azul pudieron comunicarse con ellos y enviarles a la menor. Nadie conocía a su tía Amira, quien administró sus rebaños hasta los ochenta y cinco años de edad y nunca se arrepintió de su feliz existencia rodeada de alegres cabras.
Adiba se casó con un turco que también amaba la astrología. Pasó a ser una turca más de Esmirna, con apenas unas nociones muy vagas de sus orígenes egipcios, y sin ningún conocimiento de las gloriosas hazañas de su bisabuelo el capitán Nazif, quien había dado la vida por expulsar a Napoleón de Egipto.

La tataranieta
Zubeida nació en Esmirna, Turquía, en 1892. Padecía serios problemas de aprendizaje. Odiaba los libros porque desde niña su madre la había sometido a un régimen insoportable de estudios astronómicos y matemáticos. Mientras las demás niñas jugaban con muñecas, tocaban el laúd o aprendían a servir el té, Zubeida tenía que pasar la tarde sentada al lado de su madre, memorizándose las tablas de multiplicación o leyendo libros de astronomía que la aburrían hasta desear la muerte. En el hogar de la niña Zubeida no había paz, sino guerra continua. La madre exigía disciplina y estudio, la hija quería juego y libertad. El padre, como ocurre en estos casos, intentaba servir de intermediario, pero el carácter de la madre era muy intransigente, casi militar.
En el 1912, a los veinte años de edad, harta de una situación familiar que le convertía la vida en un infierno, Zubeida se fugó de la casa materna. Aunque joven y sin muchos conocimientos del mundo real, no era tonta. Durante los primeros seis años estuvo con la tía de su mejor amiga, la señora Latifa, quien la acogió como doncella. El marido de esta tía era comerciante y poseía una pequeña flota de barcos, por lo que Zubeida estuvo esos seis años visitando casi todos los puertos musulmanes del Mar Mediterráneo. El séptimo año, durante una visita a la ciudad costera de Tartus, en Siria, conoció al panadero más importante del puerto y se enamoró. Obtuvo el permiso de la señora Latifa para casarse y permanecer en Siria. Nunca jamás abandonó su amada ciudad de Tartus.

La luz sagrada
Aziza nació en Siria en 1936. Su padre era un próspero panadero que surtía todos los barcos que llegaban al puerto, pero ningún miembro de la familia quería que Aziza permaneciera el resto de su vida en ese puerto incoloro y aburrido, donde todos los días transcurrían como si fueran el mismo. El padre quería que su hija se casara con un joven emprendedor y moderno, para que convirtiera su panadería en una cadena internacional con representación en todos los puertos. Zubeida quería que su hija se casara con un médico, porque decía que en todas las familias hacía falta un doctor que también supiera de astronomía. Pero nadie se había dado cuenta de la pasión de Aziza por la política. Desde niña le hablaba a sus amigas del mucho amor que sentía por la Gran Patria Musulmana y de la necesidad urgente de expulsar a los extranjeros impíos. Sobre cualquier silla de la casa se trepaba para exhortar a la familia a despojarse de sus manías occidentales y regresar a las sabias y antiguas costumbres del Islam. Se negó a usar maquillaje –que de todos modos su bello rostro no necesitaba–, rechazó la ropa francesa e insistió en vestir la chilaba. Todos los años, gracias a los barcos de los amigos de su padre, hacía el peregrinaje a La Meca.
Una tarde en que acudió al despacho de su padre, en el puerto, se encontró de frente con el general Abu Abdalá Ben Machal. El famoso revolucionario panárabe había venido a comprar víveres para su ejército de guerrilleros, que luchaba contra el gobierno títere y prooccidental de Bagdad. Era muy alto, con brazos musculosos, y tenía el rostro enfebrecido de aquellos que todos los días arriesgan sus vidas por una causa; ella vestía la chilaba, pero llevaba la cabeza al descubierto y los cabellos se le habían desparramado sobre los hombros. Él miró fijamente, casi con dureza, los bellos ojos grandes, negros, radiantes, que lo admiraban sin disimulo; ella le sostuvo la mirada. Dos meses después, a eso de las cuatro de la mañana, Aziza se fugó con el general iraquí y se fueron a luchar a Bagdad.

El destino
Fátima nació en las afueras de Bagdad en 1973. Alumna aplicada, cuando estaba a punto de terminar sus estudios preuniversitarios le expresó a sus padres su sueño de ingresar a la mejor universidad de Irak. Gracias a sus buenas calificaciones y a las influencias políticas de su padre –heroico general retirado–, fue admitida a la Universidad de Bagdad y se graduó con altos honores en 1995, a los veintidós años de edad. Ocho años después, en 2003, se desempeñaba como abogada de los pobres cuando comenzó la invasión norteamericana. De inmediato, tanto ella como sus viejos padres se unieron a la resistencia. Recibió adiestramiento militar en fábricas y almacenes vacíos; leyó libros sobre la guerra no convencional y las tácticas de las guerrillas urbanas, que le regaló su padre; aprendió a usar el fusil y el puñal; recibió lecciones sobre el uso de explosivos. Sus padres fabricaban bombas caseras durante la noche y espiaban a los invasores durante el día. La hermosa Fátima lo aprendió todo muy rápido, como si llevara los conocimientos militares en la sangre. Por eso ascendió a capitana en menos de un año, y recibió la honrosa tarea de convertir el barrio más poblado de Bagdad en un insoportable infierno en que la fuerza invasora norteamericana nunca conociera el sueño ni el descanso.
El 21 de julio de 2004, a eso de las siete de la mañana, Fátima y quince compañeros dormían en el piso de la mansión abandonada que usaban de vez en cuando como escondite. Tenían mucho sueño porque habían pasado la noche entera, hasta el amanecer, hostigando al enemigo en las calles con bombas que accionaban por control remoto. En la habitación de al lado su madre, Aziza, fabricaba bombas caseras. El padre de Fátima caminaba con un bastón cerca de los edificios del gobierno, jugando el papel de anciano senil y jubilado. En realidad inspeccionaba los blancos militares que le sugeriría a su hija para esa noche, los cuales retrataba con la cámara minúscula que ocultaba en el bastón.
A pesar de su sueño profundo, Fátima se despertó cuando creyó escuchar un ruido en la puerta principal de la casa. Luego oyó botas en el pasillo que estaba a su derecha. Descalza, con el largo cabello negro cayéndole sobre los hombros, agarró su puñal y se puso de pie. Sus compañeros abrieron los ojos y se sentaron en silencio: apuntaron sus rifles en la dirección de los pasos desconocidos que se acercaban. Sin pensarlo, casi por instinto, Fátima se colocó detrás de la puerta y esperó. De pronto vio la figura humana que abría la puerta. Ambos giraron rápidamente, pero ella fue más veloz. Colocó la afiladísima punta de su puñal sobre el corazón del capitán Farel, y con la otra mano le apretó la garganta para que no hiciera ruido. Sus quince compañeros, ahora de pie, apuntaban sus rifles a la cabeza del militar. Con mucha dificultad, porque casi no podía respirar, el Capitán suplicó en voz muy baja:
–Por favor, no te he hecho nada. No me mates.
Fátima concentró la mirada sobre la boca de su enemigo, como si intentara leerle los labios. El Capitán insistió:
–Por favor, vine a ayudarte.
Fátima escuchó ruidos en el pasillo. Con un movimiento instantáneo, casi invisible, empujó el puñal con todas sus fuerzas y lo hundió en el corazón del capitán Farel, quien cerró los ojos y cayó al suelo sin decir palabra. La mujer no tuvo tiempo para mirar el cadáver del hombre a quien había matado: las botas de otros invasores se acercaban rápidamente al aposento. Ella y sus compañeros, que conocían todas las puertas y ventanas de la casa, huyeron descalzos, sin que el enemigo los escuchara.
Esa noche, sin saber que había vengado la muerte de su antepasado el capitán Esmat Nazif, quien 205 años antes había perecido a manos del invasor francés Philippe Farel, Fátima y sus compañeros se escondían en la azotea de una casa de Bagdad, esperando a que llegara la hora de lanzar un nuevo ataque contra el ejército extranjero. La ex abogada, con el pelo recogido en la nuca, bebía té, miraba las estrellas y descansaba sentada en el suelo. Uno de sus guerrilleros, Omar, que había sido maestro de escuela primaria hasta el día de la invasión norteamericana, se sentó a su lado con una taza de té y también miró al cielo. Era una noche tranquila, clara, silenciosa. Ambos contemplaban las estrellas sin hablar. De pronto, Omar preguntó en voz baja, con un poco de tristeza:
–¿Qué te dijo?
–No sé –respondió Fátima, un poco incómoda–. No entiendo inglés.


FIN

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